El niño de 0 a 6 años

El niño de 0 a 3 años

Desde el nacimiento hasta los tres años de vida del niñ@, se produce un avance en el desarrollo, destacando el paso de una dependencia absoluta del adulto a una independencia en lo que respecta al movimiento y a la comunicación.

Todos los desarrollos en los diferentes estadios tienen un efecto integrador de las adquisiciones realizadas en la etapas previas, si bien no son meros sumativos de éstas. Nunca debemos olvidar las diferencias en los ritmos de desarrollo en los niñ@s.

Destacamos algunas características de los niñ@s de estas edades:


1. EL DESARROLLO COGNITIVO

Se refiere al desarrollo del pensamiento y de la forma como éste va evolucionando para comprender y explicar las cosas.

Esta evolución se inicia desde los primeros meses hasta los dos años, pasando de ser un conjunto de acciones carentes de coordinación y finalidad como acciones puramente reflejas, sin ninguna abstracción, a convertirse en acciones coordinadas provistas de un fin (por ejemplo valerse de un objeto para alcanzar otro) y sobre las que se establece, hacia la mitad del segundo año, una representación de las consecuencias de sus acciones sin necesidad de realizar tantos ensayos.

Pero durante esta etapa y el pensamiento del niñ@ se caracteriza por:

  • Ser egocéntrico o lo que es lo mismo, la dificultad para adoptar el punto de vista ajeno al suyo propio tanto para explicar o entender cuestiones de tipo afectivo como las de tipo intelectual o social. Uno de los indicadores más importantes del desarrollo es el paso del “YO” al “TU”, el reconocimiento de la existencia del otro.

  • El realismo infantil o la confusión que el niñ@ establece entre lo interno y lo externo y por ello atribuye a todas las cosas del exterior a sí mismo las mismas cualidades de lo que él ve, siente y conoce de sí mismo.

  • Ser animista, el pensamiento del niñ@ considera a las cosas como vivientes y conscientes. Además cree tener “poder” o influencia en cómo ocurren las cosas o se mueven los astros, lo que reviste a su pensamiento de un carácter mágico. Por ello el principio de causalidad actúa de manera difente en el pensamiento  infantil durante los primeros años de su vida a como lo hace el adulto.

  • La preocupación por el origen de las cosas, es decir, el niño tiene un comportamiento de filósofo, a partir de los tres años, preguntan insistentemente por el por qué de las cosas que le rodean.

2.  MADURACIÓN NEUROLOGICA

 

 3. DESARROLLO AFECTIVO Y SOCIAL

 

Hasta los dos años, las dos únicas figuras con las que el niñ@ se ha relacionado son sus padres, de quienes ha recibido todo el afecto, el cuidado y la atención necesarios para su supervivencia y desarrollo.

No es extraño que se haya hablado de conducta de apego y vínculo afectivo (Bowlby) hacia esas figuras y, más en concreto, a la madre.

Hacia los tres meses, el niñ@ tiene perfectamente reconocida a la madre o quién haga sus funciones, con quién establece unos vínculos afectivos y de relación muy fuertes. Más adelante puede desarrollar temor a que esa figura desaparezca. Por eso, a muchos niñ@s de dos/tres años protestan, lloran o preguntan insistentemente a sus padres si van a volver cuando salen del trabajo o de viaje. A este hecho se le denomina angustia de separación o el temor a perder a esas personas de quienes tanto dependen.

Al igual que le ocurre con el pensamiento, el niñ@ va desarrollando progresivamente un conocimiento del mundo social y de sus relaciones muy lentamente: desde el yo y desde las figuras de los padres, hacia las  relaciones familiares, las relaciones entre iguales (amigos) y las relaciones de grupo (escuela).

Para llegar a este conocimiento, el niñ@ necesita de la actividad y de la experiencia: observar, preguntar, comunicar, ensayar nuevas conductas receptivas y activas.
 
4. EL JUEGO
 
El juego constituye para la vida infantil un elemento tan fundamental como el afecto o el alimento. A través del juego y de las actividades lúdicas, el niñ@ va reflejando tanto el desarrollo motor y las destrezas adquiridas como sus estados afectivos y su representación del mundo y de las relaciones sociales. Y al igual que otros aspectos del desarrollo infantil, tiene unas fases y etapas que evolucionan con la maduración.

En los primeros meses de vida (hasta los seis meses), el juego es muy parecido a simples ejercicios que responden a la necesidad de realizar acciones automáticas tales como coger, soltar, tirar, mover, juntar las manos, dar palmadas, cogerse el pie, coger algo y soltarlo, etc... Con todo ello estimula su maduración neurológica. Poco a poco sus acciones se  van dirigiendo a los objetos del exterior y van a ir provistas de una intención más o menos clara.

Más tarde, a partir de los 12 meses, pero sobre todo a partir del segundo año de vida, gracias al desarrollo cognitivo del lenguaje, aparece el juego simbólico: “el como si”, a través del cual el niñ@ va representando diversas situaciones más o menos complejas que conoce de la vida cotidiana y las vivencias que experimenta con respecto a ellas: de los cuidados que recibe, de las cosas que le dicen o que él hace y de los sentimientos que él tiene, es decir, el juego simbólico le ayuda a manifestar estados emocionales y los conflictos por los que atraviesa, adquiriendo un papel primordial la imitación de situaciones.
 
 
 

El niñ@ de 3 a 6 años

0a3El período de la vida del niñ@ comprendido entre los tres y los seis años es una etapa de gran importancia porque en ella:

  • Desarrolla sus habilidades comunicativas.
  • Aprende a convivir con los demás, adultos y niñ@s.
  • Aumenta progresivamente su independencia.
  • Se inicia en la identificación de su propio papel sexual.
  • Madura su personalidad y su conducta.

Todos los acontecimientos ocurridos en esta época son decisivos en la determinación de su futuro comportamiento.

La familia es el ámbito adecuado para el desarrollo del niñ@ porque es donde se fortalece su identidad, autonomía y su personalidad.

Hay unas actitudes en los padres y madres que constituyen un medio para lograr un saludable desarrollo y ajuste emocional como son la aceptación, el amor y la aprobación.

Los niñ@s que pueden sentir que sus padres les quieren, les aceptan tal como son y les aprueban, tienen las mejores posibilidades para un desarrollo de todas sus potencialidades, especialmente de sus emociones y afectos.  

Ofrecemos unas tablas con una descripción de conductas realizadas por el niñ@ en cada uno de los períodos de esta etapa y en las diferentes áreas de desarrollo.  
 
PERIODO DE 3 A 4 AÑOS
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PERIODO DE 4 A 5 AÑOS
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 PERIODO DE 5 A 6 AÑOS

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Fuente: Apoclam

Rasgos evolutivos generales de la etapa

 
El niño pasa, en estos años, por dos etapas, la de la expansión de su subjetividad y la de la exploración de la realidad externa, que coinciden, en general, con la edad del jardín de infancia y los años preescolares. Del egocentrismo propio del primer año el niño evoluciona para ir integrándose poco a poco en el mundo que le rodea.

En este desarrollo, la maduración psicomotriz es decisiva. Cuando el niño cumple el año, empieza a andar: el "gateador" de la última parte del primer año se convierte en "correteador"; desde esa nueva posición, el niño observa el mundo con una nueva perspectiva, amplía su horizonte y puede acercarse y manipular lo que le rodea a su antojo.

La inteligencia del niño se transforma, pudiendo representarse las cosas sin estar éstas presentes y utilizar el lenguaje para ordenar tanto su mundo interno (primeras expresiones de sus emociones) como el externo (comienza a nombrar las cosas).

Afectivamente el desarrollo en esta época es muy grande pues el niño aprende a controlar impulsos y deseos en una especie de "negociación" en la que él se adapta a las normas familiares a cambio de amor y valoración.

Una vez que han quedado definidos y más o menos aceptados los límites que desde la familia (y la sociedad) se le imponen, el niño entra en la edad de la latencia, alrededor de los cinco años, a partir de la cual se produce un fuerte desarrollo intelectual y un acercamiento progresivo alos demás niños, avances que se ven favorecidos si el aprendizaje del control de los impulsos ha sido resuelto sin demasiado conflicto emocional.


Psicomotricidad

La motricidad y el psiquismo van unidos sobre todo en estos primeros años aunque en los próximos, incluso las mismas tareas escolares se pueden considerar ejercicios de psicomotricidad.

Alrededor del año de edad el niño comienza a andar, de un modo vacilante, balanceándose, separando los pies e inclinando el cuerpo hacia delante para mantener el equilibrio, y poco a poco va reorganizando y consiguiendo el control de la musculatura desde la gruesa a la más fina.

Importancia especial tiene la constitución de la imagen corporal que es la representación mental que el niño se hace de sí mismo. Esta imagen corporal no coincide con el esquema corporal en la medida en que en la imagen interviene otros factores, fundamentalmente afectivos, que la hacen subjetiva: es una imagen que no coincide con la corporalidad objetiva sino que está determinada por la valoración e importancia que él y los que le rodean dan a cada parte de su cuerpo: esta imagen influirá, en el futuro, en el concepto de sí mismo, y en la autoestima.

Según Gesell el niño,


A los dos años:

° puede bajar y subir escaleras sin ayuda pero usando los dos pies en cada escalón.

° es capazde acercarse a una pelota y darle un puntapié.

° le gustan los juegos bruscos y los revolcones.

°
puede dar la vuelta a las hojas de un libro de una en una.

° construye torres de seis cubos y ensarta cuentas con una aguja

° si es necesario puede permanecer sentado algunos ratos.

A los tres años:

° construye torres de nueve o diez cubos.

° puede modular su forma de correr y hacer variaciones de velocidad.

° sube las escaleras sin ayuda alternando los pies

°
puede pedalear en un triciclo.

A los cuatro años:

° sabe brincar a la "pata coja".

° mantiene el equilibrio en un solo pie durante varios segundos.

° al lanzar una pelota, echa el brazo hacia atrás y la tira con fuerza.

° puede abotonarse la ropa y hacerse la lazada en los zapatos.

A los cinco años:

° brinca con soltura y salta.

° llega a conservar el equilibrio sobre las puntas de los pies varios segundos.

° está capacitado para realizar ejercicios físicos y danza.

° usa el cepillo de dientes y el peine.

° puede dibujar la figura de una persona.

 

Inteligencia, imitación y juego: la evolución de la conducta adaptativa

En el primer año de vida la adaptación al medio se realizaba por medio de la inteligencia senso-motriz: a los estímulos del entorno se correspondía una respuesta motora lo más adecuada posible. A partir del segundo año la inteligencia se convierte en representativa al interiorizarse los aprendizajes en forma de imágenes mentales de una complejidad simbólica creciente.

La inteligencia representativa es de tipo intuitivo desde los cuatro a los siete años. De este carácter intuitivo da idea el siguiente experimento: se le presentan al niño dos vasos iguales que él llena con la misma cantidad de bolitas; si después se echa el contenido de uno de ellos en un vaso más alto y delgado dirá que hay más bolitas dado que la altura de las mismas en dicho vaso es mayor.

Otro ejemplo que muestra la representación subjetiva del mundo es el siguiente: el niño ante un reloj de arena cree que ésta cae más rápido cuanto más rápido realiza él la actividad que le encomendamos.

Este tipo de inteligencia, en la que ya aparecen las imágenes mentales pero de estilo aún intuitivo o subjetivo nos muestra al niño con una idea animista o mágica del universo, con su acción o pensamiento el niño cree influir en la realidad externa, confunde la causalidad física con la motivación psicológica: por ejemplo, el sol sale porque el se despierta y necesita que sea de día

La inteligencia es un proceso de adaptación al medio, de complejidad creciente, en el que interaccionan asimilación y acomodación: la imitación es un ejemplo del proceso de acomodación, siendo el juego representante de la asimilación .

La imitación y el juego son dos actividades del niño en las que confluyen aspectos intelectuales y emocionales y que muestran ese carácter subjetivo que tiene la inteligencia del niño en esta etapa así como la utilización de imágenes mentales.

El niño comienza a representar una acción o un objeto sin tenerlo físicamente presente y se produce una interiorización de los gestos y acciones que ha aprendido en la etapa anterior. El juego y la imitación se unen en este aprendizaje: así el niño que ha visto un coche en movimiento puede imitar con su mano dicho movimiento en su juego sin que el vehículo esté presente.

La imitación en esta etapa de la inteligencia representativa es simbólica: el niño interioriza un objeto real en forma de imagen, que no es fotográfica sino que está cargada de significación y de subjetividad; toma del objeto que imita aquello que le impresiona y tiene para él un valor simbólico; por ejemplo, el lobo feroz de los cuentos es, sobre todo, una gran boca.

También la imitación es una forma de identificación con el comportamiento de personas significativas para él, es una forma de querer ser como esa persona. Es una edad en la que se suele imitar el comportamiento del padre o de la madre según el sexo del niño.

Por otra parte, el juego es, en esta etapa, esencialmente asimilación simbólica, aunque también es imitación pues todavía no es capaz de la suficiente imaginación o inventiva: así el niño juega a ser un perro imitando alguna característica del mismo que le impresiona.

Además del aspecto puramente intelectual del juego hay que considerar el componente de elaboración de situaciones emocionales que hay en los juegos de los niños a esta edad, juegos no reglados en donde, además de aprender pautas y conductas socializadoras, el niño "digiere" una realidad que le afecta y a veces le angustia.

Segunda infancia: características y objetivos pedagógicos

Características generales de la etapa 

Al comienzo de la etapa se empieza a dar la distinción entre el "yo" y el "no-yo" que el niño ha ido adquiriendo en la medida que ha tenido dificultades para satisfacer sus necesidades regidas por el "principio de placer" que era lo que presidía su conducta en la etapa anterior. Ahora, en esta etapa, comienza a descubrir la realidad como algo distinto a sus apetencias. Con ello, su conducta se empieza a regir por el "principio de realidad".

    En esta etapa el niño descubre que hay una realidad exterior independiente a él y a la que se debe tener en cuenta para conseguir sus fines. A un mundo en el que bastaba desear algo para ser satisfecho de inmediato, como ocurría en la primera infancia, sucede otro mundo en el que hay que seguir unas "normas" para alcanzar sus objetivos.

    Se da también un animismo proyectivo, que le lleva a dar vida a cuanto le rodea, proyectando sus propios sentimientos sobre las cosas, así, si el está triste, "todo" estará triste, si está alegre, "todo" estará alegre. De ahí que se hablé de una fase "mágico-simbólica".

    En esta edad se produce un desarrollo sensorio-motriz importante. En la maduración y desarrollo de los sentidos, la primera infancia, ha sido una etapa cumbre, donde el niño explora el entorno que le rodea a través de todos los sentidos. En esta etapa tiene más capacidad discriminativa con los sentidos, distingue los detalles, la intensidad, los matices.

    En la actividad motriz, no es el moverse por moverse como ocurría en la primera infancia, ya no le interesa la acción por la acción misma, sino que se orientará al logro de algo concreto. Es la edad de la actividad, hacia los 4-5 años el niño es ante todo un "ser en movimiento" contínuo, incansable, entregado a la alegría de vivir y actuar, va ganando en soltura e intrepidez, de manera que cada vez le gusta más lo difícil y misterioso.

    Al final de esta etapa puede hacer físicamente casi todo lo que quiere, dentro de sus fuerzas, pasando de la gracia que tenía en los primeros momentos de la etapa a la fuerza que domina al final de la etapa. El ambiente competitivo que se encuentra en la escuela con sus iguales, le lleva a superarse y así ser tenido en cuenta por el grupo.


La inteligencia en la segunda infancia

La primera infancia ha supuesto un gran avance para la inteligencia: se ha iniciado el lenguaje que es la gran palanca que tiene para el desarrollo nuestra inteligencia. Este inicio tiene su continuidad en la segunda infancia, en la que va a adquirir una base muy amplia de conceptos, que son las ideas mentales acerca de las cosas, que van a posibilitar el podernos comunicar.

     De los 3 a los 6 años el vocabulario pasa de las mil a las dos mil quinientas palabras. Poco a poco su lenguaje va ganando en coherencia, claridad y comunicabilidad. Ciertamente, el niño observa mejor que antes la realidad concreta, y el lenguaje le permite precisamente afianzar su conocimiento de ella.

     En esta etapa tiene un pensamiento perceptivo. El niño en este nivel piensa sobre lo dado, sobre lo que tiene presente que lo toma como absoluto. Puede pensar sobre lo que percibe o ha percibido, "piensa lo que ve", pero no puede ir más allá de la representación. Por ello las actividades escolares serán manipulativas y posibilitarán el desarrollo de los sentidos.

    Tiene un pensamiento egocéntrico. Lo que se plantea es en relación a su yo, y tiene que sentirse protagonista en lo que pide y conoce.

    No tiene posibilidad de realizar abstracciones, para poder pensar tiene que tener ante sí los datos sensibles, concretos, a partir de los mismos puede resolver sencillos problemas.

La afectividad 

En esta etapa sienten curiosidad por la constitución de su cuerpo y las diferencias o similitudes con el de los demás y por las sensaciones placenteras que se dan en el cuerpo.

    Aparecen las preguntas sobre el origen de los bebés, observan con atención el cuerpo de los adultos, comparándose con ellos, ya sea en las películas, en la playa... Es importante que a esta edad, los niños hayan establecido con claridad su identidad sexual, es decir, que sepan lo que son y lo que se espera de ellos, ser en el futuro un hombre o una mujer.

     En torno a los tres años se da el descubrimiento de los órganos genitales, y puede aparecer la masturbación, que es la expresión de una sexualidad que se está iniciando. Puede darse una atracción más marcada por el progenitor del sexo contrario. Trata a la vez de averiguar por qué existen esas diferencias y de situarse a si mismo en el lado de los papás o mamás.

    En este momento tiene que asimilar la realidad del triángulo descubierto –mamá, papá, hijo-, en el que descubrirá más atracción por el sexo opuesto de su progenitor.

    Capta la estabilidad afectiva o lo contrario de sus progenitores que asimila por imitación. Pocos momentos hay en la evolución del niño donde sea tan importante, el tener unos padres afectivamente equilibrados y formando una pareja unida. Necesita de referentes estables que permitan un desarrollo correcto de su personalidad.


La vida social

En esta etapa evolutiva el niño siente la necesidad de afirmar su personalidad naciente y lo hace a través de la desobediencia a las indicaciones de los mayores, los caprichos que empieza a manifestar.

    En esta etapa el niño pasa del ámbito familiar a frecuentar el trato con algunos compañeros de su misma edad, así descubre -por la resistencia que ofrecen la satisfacción de sus deseos- la existencia de los "otros".

    Hacia los tres años ya no utiliza al otro como un elemento más del juego, sino que siente la necesidad de explicarle al otro lo que va a hacer, no para ofrecer o pedir colaboración, sino para reforzar su propia conducta.

    En este momento evolutivo con facilidad aprende las conductas sociales a través de la imitación del adulto o de los hermanos mayores que son un modelo más próximo al niño. Es por ello la gran importancia que tienen los hermanos mayores en la casa, pues son los referentes que va a tener el niño.

    Esta interiorización que hace de las imágenes de los mayores a través de la imitación le genera una seguridad interna y posibilita que vaya desarrollando habilidades de autocontrol que irá afianzando con las interacciones de sus iguales. No hemos de olvidar que en esta etapa evolutiva hay un acontecimiento madurativo social importante, que es la asistencia a la escuela, en el nivel preescolar.

    El ingreso en la escuela es un acontecimiento socializador de primera magnitud. Hasta ese momento, el niño era probablemente el centro de atención en su casa, si no tiene hermanos más pequeños que él, a partir del inicio de la escolaridad, se encuentra en un grupo social donde existen unas normas que hay que cumplir, donde otros iguales que yo, pueden tener las mismas demandas que las mías, y por tanto, tiene que ceder, etc. Es frecuente que en esta etapa manifieste conductas distintas en casa y en la escuela. En el primer sitio se muestra caprichoso y en el segundo obediente y dócil.

    No obstante, hay que decir que el inicio y entrada en la escuela puede ser algo traumática para el niño, porque intentará mantener en la clase, los privilegios que tiene en la familia, como ello no lo permitirá el profesor, es probable que aparezca el llanto, las rabietas, conductas desadaptativas, para tratar de ganar el pulso que mantiene con el profesor. Que duda cabe que es un momento donde se le infringe un serio correctivo al yo hipertrofiado que a esta edad tiene el niño.

    La constancia del profesor en extinguir -ignorar, no prestarle atención- las conductas inadecuadas, así como la presentación de una normas de convivencia claras y firmes, hará que en un periodo de tiempo relativamente corto, el niño asuma el grupo como un entorno en el que se va a encontrar a gusto. Es de reseñar también el distinto perfil que presentan hijos únicos, de los que tienen más hermanos. Los primeros en general llevan peor que los segundos, el proceso de adaptación al grupo.

    En este momento empiezan aparecer las rivalidades entre los niños que surgen cuando realizan actividades conjuntas -los juegos- entonces quiere el juguete que el otro tiene. Es una buena ocasión para desarrollar habilidades de autocontrol, animándole a que no todo lo que se desea se ha de tener a cualquier precio, que aprenda a respetar las cosas de los demás, aunque le puedan atraer. Es una forma de aprender "las reglas del juego".


Problemas pedagógicos en esta etapa

La educación de los hijos en este momento tiene que tener en cuenta una serie de consideraciones:

La necesidad de crear hábitos de autonomía
     La tarea educadora en sus primeros momentos tiene la finalidad de posibilitar hábitos primarios en el niño: acostarse y levantarse a la misma hora, saber estar sentado correctamente en la mesa, saber vestirse...

Potenciar la educación sensorial
     Hemos de tener en cuenta que nada hay en nuestra mente que no haya penetrado previamente por los sentidos, se deduce que la educación de la inteligencia tiene que empezar por la de los sentidos. En el niño se da un sincretismo mental, según el cual percibe no sensaciones aisladas, sino las cosas como totalidad. Hay que ejercitar al niño en percibir y sentir con justeza. Hay que poner en actividad todos los sentidos, asociando los ejercicios sensoriales con los ejercicios motores y actividades de gesticulación.


Educar la imaginación
     Es la facultad humana por excelencia y a la que no se le presta la debida atención para desarrollarla de manera sistemática. La imaginación es importante tanto para el desarrollo de la ciencia como de las artes.

     El niño es un ser imaginativo por excelencia, gusta de historias extraordinarias, inventa personajes fantásticos, mezcla lo real con lo ficticio, gusta de fábulas, cuentos, leyendas... y en todo ello encuentra su mente material para activarse y madurar. Con su imaginación lo que piensa es "como si" existiera, por eso en sus juegos los objetos los puede ver como seres vivos que interactúan con el niño.

     Educar la imaginación es compatible con que aprenda a distinguir lo imaginado de lo real.


Educar el carácter
     Hay que ir creando los cimientos de la personalidad y para ello tiene que estar rodeado de cariño, de amor, pero debe de evitarse el exceso de mimos. Tiene que tener normas claras y las justas que encuadren su conducta. Hay que enseñar a vivirlas desde los primeros años. Tan pernicioso para el niño es que no tenga en su entorno ningún referente de normas, como que abunde en ellas. Tienen que ser adecuadas a su edad, fáciles de entender y de observar su cumplimiento.


Educar en valores
Los valores indican los puntos cardinales para la persona, indican por donde tengo que tirar, qué tengo que hacer. Este periodo evolutivo es un momento magnífico para comenzar a sembrar valores. Trataremos de proponer conductas que son concreciones de los valores que queremos desarrollar en nuestros hijos. En esta edad no es el momento de justificarle los valores sino que empiecen a actuar de manera virtuosa, más adelante ya entenderán los motivos de hacerlo así.