La autoestima

¿Qué es la Autoestima?

 

Es el aprecio que se tiene de uno/a mismo/a, el concepto que tenemos de nuestra propia valía y se expresa en los  sentimientos, emociones y experiencias de nuestra vida.

Constituye el
núcleo básico de la personalidad. Cuando alguien nos alaba por algún motivo nos ponemos contentos; cuando hemos hecho un buen trabajo nos llena de satisfacción. Actuando así se aprende a valorarse y a sentirse bien.

El modo en que nos sentimos respecto a nosotros mismos nos afecta  en las relaciones sociales. En la medida en que tengamos sentimientos de valía personal mejoran nuestras relaciones con los demás.

Un adecuado nivel de autoestima es la base de la salud mental y física del organismo. El concepto que tenemos de nuestras capacidades y nuestro potencial no se basa sólo en nuestra forma de ser, sino también en nuestras experiencias  a lo largo de nuestra vida. Lo que nos ha pasado, las relaciones que hemos tenido con los demás (familia, amigos, etc,), las sensaciones que hemos experimentado, todo influye en nuestro carácter y por tanto en la imagen que tenemos de nosotros  mismos.

El autoconcepto deriva de la comparación subjetiva que hacemos de nuestra persona frente a los demás, así como de lo que éstos nos dicen y de las conductas que dirigen hacia nosotros. También los éxitos y los fracasos personales influyen en nuestra forma de valorarnos.

Una persona con baja autoestima suele ser alguien inseguro, que desconfía de las propias facultades y no quiere tomar decisiones por miedo a equivocarse. Además, necesita de la aprobación de los demás pues tiene muchos complejos. Suele tener una imagen  distorsionada de sí mismo, tanto a lo que se refiere a rasgos físicos como de su valía personal o carácter.

Todo produce un sentimiento de inferioridad y timidez,
a la hora de relacionarse  con otras personas, cuesta hacer amigos nuevos y está pendiente  del qué dirán o pensarán sobre él, pues tiene  miedo excesivo al rechazo, a ser juzgado mal y a ser abandonado. La dependencia afectiva  que posee es resultado de su necesidad de aprobación, ya que no se quiere lo suficiente como para valorarse positivamente.

Cuando se tiene la autoestima baja, se inhibe la expresión de los sentimientos por miedo a no ser correspondidos. Si algo funciona mal en una relación de pareja, de amistad, la persona con baja autoestima creerá que la culpa de esto es suya, interpretando  mal en muchas  ocasiones los hechos  y la comunicación entre ambos. Se siente deprimido ante cualquier frustración, se hunde cuando fracasa en sus empeños y por eso evita hacer proyectos o los abandona a la primera dificultad importante o pequeño fracaso.

 

Características de la persona con una autoestima positiva

Una persona con una autoestima óptima, en cambio, tiene las siguientes cualidades:

  • Posee una visión de sí mismo y de sus capacidades realista y positiva.
  • No necesita de la aprobación de los demás, no se cree ni mejor ni peor que nadie.
  • Muestra sus sentimientos y emociones con libertad.
  • Afronta los nuevos retos con optimismo, intentando superar el miedo y asumiento responsabilidades.
  • Se comunica con facilidad y le satisfacen las relaciones sociales, valora la amistad y toma la iniciativa para dirigirse a la gente.
  • Sabe aceptar las frustraciones, aprende de los fracasos, es creativo e innovador, le gusta desarrollar proyectos y persevera en sus metas.

Para intentar aumentar nuestra autoestima debemos ante todo empezar por ser nuestros mejores amigos, saber que no hay nada ni nadie en este mundo más importante que nosotros mismos.

La autoestima en la familia: D. Aquilino Polaino

¿Cómo favorecemos la autoestima de nuestro hijo/a?

AYUDÁNDOLE A:

  1. Tomar decisiones sobre sus cosas: amigos, dinero, diversión, ropa, actividades, deportes, etc.

  2. Ser responsable y tener seguridad en sí mismo/a.

  3. Ser conscientes de quién  es, cómo es,  qué piensa, etc.

  4. Ser optimista.

  5. Sentirse orgullo, satisfecho, contento por sus logros, por lo que va consiguiendo,  poco a poco.

  6. Valorar lo positivo, y lo negativo que hay en él/ella.

  7. Tolerar el no salirse con la suya cuando no puede ser.

  8. Aceptarse a sí mismo como es e intentar cambiar aquellas conductas  en  las que no esté de acuerdo.

  9. Expresar y comprender  sus emociones: alegría, tristeza, enfado....

La autoestima de los padres también es importante

 

En el artículo titulado “La importancia de cuidar la autoestima” ya se trataba su concepto y decíamos que es “la idea que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros mismos hemos ido recogiendo durante nuestra vida” También nos ha gustado la siguiente definición sobre la autoestima cuando dice que es “la experiencia de moverse por la vida con un sentimiento de bienestar y satisfacción”.

 

También decimos en el mismo artículo que “la autoestima significa saber que eres valioso y digno de ser amado” Desde aquí nos remitimos a este artículo porque se analizan a fondo las características, cómo se construye la autoestima y factores que influyen en la misma así como la relación que existe entre la autoestima y la adolescencia.

 

Es hora de tratar aquí cómo influye a autoestima de los padres en los hijos. s Los buenos padres se preocupan por cuidar y formar correctamente la autoestima de los hijos. Esto se consigue cuando aumentan la suya: si de por sí es alta, todavía mejorarán más la de sus hijos y si todavía merece aumentarla más, tendrá un efecto más positivo.

 

Antes hemos hecho referencia a la importancia que tiene el bienestar y la satisfacción para la construcción de una buena autoestima. No nos referimos aquí al bienestar que siente una persona consigo mismo sino la que se genera cuando nos preocupamos por los demás y estamos pendientes del bienestar y la satisfacción de los demás. Los adultos que tienen baja autoestima tienden a pensar demasiado en por qué se sienten mal, sin embargo los que poseen autoestima alta piensan más en todo aquello que les hacen sentirse bien.

 

En definitiva, con la autoestima nos referimos a un estado interior de sentimientos positivos que genera una seguridad en lo que se hace, se piensa y por tanto asegura el bienestar. Los padres deben buscar aumentar la satisfacción en su labor como padres y en la vida de familia en general para así aumentar su autoestima y su buena actuación hacia los demás.

 

Llegamos a la conclusión de que es necesario encontrar satisfacción de la vida diaria, de la vida familiar, pero no todos los padres lo consiguen. Existen factores que dificultan obtener satisfacción de la vida familiar. Algunos de ellos son los siguientes:

 

▪ Hoy día es frecuente encontrar familias en las que trabaja el padre y la madre y esto supone escaso tiempo para dedicarse a solucionar los problemas que van surgiendo.

▪ La ausencia de sentido familiar se manifiesta por el creciente número de divorcios, problemas de alcohol, droga, aumento de malos tratos, etc.

 

La clave por tanto es sentirse satisfecho como padre/madre. Para ello hay algunos sentimientos básicos que hay que procurar experimentar como si fueran claves para encontrar la satisfacción:

▪ Debemos divertirnos.

▪ Debemos estar confiados en que los hijos están sanos y son felices.

▪ Hay que estar confiado de que los demás nos respetan como padres.

▪ Debemos estar satisfechos con el trabajo que hacemos.

▪ Hay que luchar contra el exceso de ansiedad.

▪ Debemos estar seguros de que los hijos agradecen nuestras contribuciones a sus propios logros.

 

La autoestima como padre depende entre otros factores de la satisfacción que se obtiene del hecho de ser padre y de la vida familiar en general. Siguiendo a REYNOLD BEAN en su libro “Cómo ser mejores padres” encontramos que hay baja autoestima en los padres si se demuestra a menudo lo siguiente:

 

▪ Se deprimen fácilmente (sentimientos de tristeza, energía baja, pensamientos taciturnos) cuando están en casa, incluso cuando los demás parecen sentirse bien.

▪ Evitan hacer cosas con toda la familia por las molestias que ello conlleva.

▪ Los padres no está de acuerdo en temas que conciernen a los niños, así que evita discutirlos, aunque necesite hablar de ellos con alguien.

▪ Están involucrados en más luchas de poder de las que desearían.

▪ Tienen la impresión de que sus hijos manejan su vida.

▪ A menudo no saben cómo manejar a los niños. No quieren que nadie adivine que no saben lo que están haciendo.

▪ Tienen la impresión de que todos los demás (profesores, médicos, enfermeras, padres, artículos de revistas y comedias de televisión) saben más sobre cómo educar a los niños que ellos mismos.

▪ Siempre sienten la necesidad de controlar a sus hijos por miedo a que se le vayan de las manos.

▪ Se deprimen o enfadan cuando los niños les dicen algo ofensivo, en lugar de mantener la compostura.

▪ Desearían un día libre pero parecen incapaces de conseguirlo. Nunca es el momento adecuado.

▪ Nadie en la familia parece hacer bien las cosas y ellos se ven obligados a hacer cosas que desearían que hicieran otros.

▪ La lista de responsabilidades como padre se hace cada vez más larga, pero carecen de motivación para cumplir con su deber. Tienen la impresión de que le están exprimiendo