La comunicación familiar

Cómo favorecer una buena comunicación en la familia

La familia ha de garantizar seguridad, atención y enseñanza de los limites y para ello se hace necesario construir una buena comunicación con los hijos/as.

Se dice que el mayor problema en el diálogo y comunicación de padres e hijos es la falta de tiempo. El estrés, las prisas, los continuos planes familiares y acontecimientos, el exceso de trabajo, etc... nos impiden convivir con ellos tranquilamente, condición indispensable para comunicarse.

Tampoco debemos olvidar que no sólo nos comunicamos a través del lenguaje verbal, también el cuerpo, a través de la postura, la mirada, la expresión de la cara, el contacto físico, el tono y el volumen de la voz expresa actitudes y sentimientos.

Podemos destacar las siguientes pautas a tener en cuenta en una adecuada comunicación:

  1. Crear un clima relajado y elegir un momento y lugar adecuado para dialogar.

  2. Establecer rutinas diarias y costumbres en las que cuenten de forma regular y relajada los acontecimientos de la vida diaria.

  3. Evitar hablar sobre temas delicados en situaciones estresantes.

  4. Omitir acciones de interrumpir, amenazar, gritar, insultar, criticar en la comunicación pues generan rechazo y una tendencia a defenderse e incluso al ataque.

  5. Definir los problemas, expresar lo que uno siente y evitar los interrogatorios que con frecuencia invaden la vida privada de los hijos/as.

  6. Evitar los monólogos, los discursos y las lecciones. Nuestros hijos/as adolescentes rechazan especialmente estas conductas de los padres y madres.

  7. Estimular a que nuestros hijos/as hablen y ofrecer una escucha activa con la intención de comprender.

  8. Preguntarles cómo entienden nuestro punto de vista.

  9. Ayudarles a establecer diferencias y semejanzas entre las diferentes opiniones.

Tipos de padres y madres según el uso de la comunicación.

En función de las palabras que dirigimos a los niñ@s podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención.

 

Según analiza el psicólogo K. Steede en su libro Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos, existe una tipología de padres basada en las respuestas que ofrecen a sus hijos y que derivan en las llamadas conversaciones cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o, de haberla, éstos se niegan o infravaloran:

 

Los padres y madres autoritarios: temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar al niñ@ a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niñ@.

 

Los padres y madres que hacen sentir culpa: interesados (consciente o inconscientemente) en que su hijo sepa que ellos son más listos y con más experiencia, estos padres utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de sus hij@s en comentarios del tipo “no corras, que te caerás”, “ves, ya te lo decía yo, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería” o “eres un desordenado incorregible”. Son frases aparentemente neutras que todos los padres usamos alguna vez.

 

Los padres y madres que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestros hij@s sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo “¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amigas!”, “no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana”, pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar.

 

Los padres y madres que dan conferencias: la palabra más usada por los padres en situaciones de “conferencia o de sermón” es deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al hij@ en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.

 

 

Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico). En la vida de un hij@, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso.

 

Ante un sermón del padre o de la madre es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente el otro.

 

Fuente: APOCLAM

Consejos para padres

Observar el tipo de comunicación que llevamos a cabo con nuestro hij@. Dediquemos unos días de observación libre de juicios y culpabilidades. Funciona muy bien conectar una grabadora en momentos habituales de conflicto o de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las previsiones ideales.

 

Escuchar activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de nuestros hij@s. Valorar hasta qué punto merecen prioridad frente a la tarea que estemos realizando; en cualquier caso, nuestra respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de comunicación.

 

Si no podemos prestar la atención necesaria en ese momento, razonar con él/ella un aplazamiento del acto comunicativo para más tarde. Podemos decir simplemente: “dame 10 minutos y enseguida estoy contigo”. Recordemos después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.

 

Evitar emplear el mismo tipo de respuestas de forma sistemática para que nuestro hij@ no piense que siempre somos autoritarios, le hacemos sentir culpable, le quitamos importancia a las cosas o le damos sermones.

 

Dejar las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy no hemos sido un modelo de comunicadores, pensemos que podemos mejorar y adaptarnos a una nueva forma de comunicación que revertirá en bien de nuestra familia suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los hij@s.

 

Cuando decidamos cambiar o mejorar hacia una comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, terminado el cual podamos valorar si funciona o no y si debemos modificar algo más. Los padres y madres tenemos los hábitos de conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, paciencia con nosotros mismos.

 

Fuente: APOCLAM

 

El papel del lenguaje

 

Las personas se relacionan a través de la comunicación que se hace mediante el lenguaje ayudado por los gestos, los movimientos del cuerpo.

 

El lenguaje es el primer sistema de señales que emplea el hombre para relacionarse con su medio y para aprender lo que le rodea.

 

El niñ@, desde la más temprana edad, aprende a identificar los primeros sonidos y su significado y distingue el tono con el que se le habla. Hacia los nueve meses, sabe si sus padres están enfadados o le tratan con afecto y cariño.

 

El aprendizaje del lenguaje es un paso previo e indispensable para el aprendizaje de la lectoescritura y supone la forma de tomar conciencia de todo lo que se aprende del entorno en el que se vive.

 

Además del lenguaje, el hombre cuenta con gran cantidad de mecanismos para manifestarse que le permiten ponerse en contacto con los demás: los gestos, las miradas, la expresión del rostro... Estos elementos ponen de manifiesto actitudes, sentimientos, predisposiciones y motivaciones que permiten una comunicación interpersonal trascendente. Desde los primeros momentos de la vida, el bebé capta la intensidad del afecto, aprecia si se le aguanta o se le abraza; valora el tono afectivo de la mirada del adulto cuando le acerca un juguete. También ocurre esto entre las personas adultas y entre los miembros de una familia.

 

El lenguaje está limitado por los conocimientos de cada uno, es social; sin embargo, los símbolos son personales, inagotables. La posibilidad de combinar ambos lenguajes (verbal y gestual) implica comunicación.

 

Cuando sólo se usa el lenguaje verbal (difícil, pues en la práctica nunca aparece desligado del gestual) hablamos de diálogo.

 

Se dan dos formas extremas de diálogo: por exceso o por defecto. Ambas, provocan distanciamiento entre padres e hijos. Hay padres que, con la mejor de las intenciones, procuran crear un clima de diálogo con sus hij@s e intentan verbalizar absolutamente todo. Esta actitud fácilmente puede llevar a los padres a convertirse en interrogadores o en sermoneadores, o ambas cosas. Los hij@s acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con el aleccionamiento.

 

El silencio es un elemento fundamental en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es necesario que los silencios permitan la intervención de todos los participantes.

 

Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien prescinde de lo que dice el otro, hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando sucede esto, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él/ella y acaba por perder la motivación por la conversación.

 

Esta situación es la que con frecuencia se da entre padres y madres e hij@s. Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Los escuchan poco o si lo hacen es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los hij@s. Esta situación es frecuente con hij@s adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paternofiliales: creer que con un discurso puede hacer cambiar a una persona.

 

A través del diálogo se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por esto, transmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar.

 

Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad no habrá diálogo. La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores.

 

Hay que tener presente que la familia es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.

 

Pautas para dialogar con los adolescentes

El diálogo es una parte fundamental de la comunicación y por lo tanto una herramienta muy importante para resolver conflictos. En el peor de los casos, el diálogo lo que no debe hacer es agravar el problema.

Presentamos unas pautas a tener en cuenta para mejorar el diálogo y la comunicación con los hijos e hijas adolescentes:


  1. La comunicación no es una conversación esporádica, sino un ambiente que se crea y se respira, como el oxígeno. Este ambiente comienza por el establecimiento de un auténtico encuentro con su cónyuge.

  2. Para hablar se necesita tiempo. No existe un equivalente o sustituto económico del cariño, de la experiencia ni de la cercanía.

  3. Tan importante como hablar es saber callar: la clave del saber escuchar está en intentar comprender el punto de vista del hijo/a.

  4. Reconocer que nos hemos equivocado y pedir perdón acerca de ello a las personas es un signo de madurez. No tema desandar el camino andado cuando se equivoque. Y enseñarle a hacer lo mismo.

  5. Tratar de elegir el momento oportuno para la discusión, los nervios no suelen ser buenos consejeros.

  6. No minusvalorar la importancia de los problemas de los hijos/as: lo que nos hace sufrir nunca es una tontería, puesto que nos hace sufrir.

  7. Huir en las conversaciones de todo lo que pueda parecer interrogatorio intempestivo o curiosidad por la vida privada de su hijo.

  8. Recordar que el hijo/a es estudiante, pero no sólo estudiante, los libros abren a la vida pero, la vida es mucho más grande que los libros.

  9. Tratar de proponer o sugerirles metas más que imponerlas. Pero no renunciar a ofrecerles su apoyo y su exigencia. Dialogar no es ceder de la responsabilidad de ser padres y madres.

  10. Y procurar mantener el difícil equilibrio entre la libertad y la responsabilidad, todo ello aderezado con una infinita paciencia y sentido del humor.

 

Fuente: APOCLAM

¿Y ahora qué?

 

La adolescencia es un momento de transición de la infancia a la edad adulta. Los padres tienen un papel importante en ayudar a que esta transición sea lo más fácil posible. En este corto abordamos la importancia de mantener siempre abierta la comunicación para poder seguir educando.

Habilidades de comunicación familiar y estilos educativos parentales

A través de cinco cortos de ficción (desdoblados en dos cada uno de ellos) se recrean dinámicas de educación entre padres e hijos en situaciones cotidianas más o menos conflictivas.
Los diferentes casos tratados en el vídeo ofrecen claves sobre diferentes prácticas y estilos educativos. Para un mejor contraste cada situación es recreada desde dos estilos diferentes, promoviéndose así el debate entre las ventajas e inconvenientes de cada uno de ellos.