Los conflictos

Pautas para afrontar los conflictos


 Los conflictos son situaciones en las que dos o más personas entran en oposición o desacuerdo porque sus intereses, posiciones, necesidades, deseos o valores son incompatibles, o son percibidos como incompatibles.


Juegan un papel muy importante las emociones y sentimientos. La relación de las partes en conflicto puede salir robustecida o deteriorada en función de cómo sea el proceso de resolución del conflicto.


El conflicto forma parte de la vida y hemos de ver el lado positivo del mismo. En determinadas ocasiones, éste puede deteriorar el desarrollo y la convivencia, originando incluso la violencia.

El ambiente familiar debe proporcionar oportunidades suficientes para aprender a resolver los conflictos de manera constructiva y ser coherente con lo que se enseña.

Se hace necesario ver los conflictos en positivo y tratar de resolverlos adecuadamente porque:

  • Nos pueden ayudar al crecimiento personal y social.
  • Pueden ser una oportunidad para la transformación.
  • Pueden crear otras alternativas pacíficas que mejorarán la convivencia.


Recomendamos:

  1. Educar en la empatía y capacidad para ponerse en el lugar de otras personas y adoptar distintas perspectivas, siendo un requisito necesario para aprender a resolver conflictos de forma inteligente y justa.

  2. Aumentar las oportunidades de realizar juntos actividades gratificantes en las que todos los componentes de la familia puedan compartir situaciones relajadas y no conflictivas que favorecen el diálogo.

  3. Hacerles reflexionar sobre las diferentes formas de enfrentamiento a los conflictos, motivando y propiciando el estilo cooperativo que exige la implicación de unos y otros en buscar un objetivo común, explorando el desacuerdo, generando alternativas comunes que satisfagan a ambas partes.

  4. Conocer, inculcar y entrenar a los hijos e hijas en habilidades básicas de comunicación como pieza clave en la mediación de los conflictos. Una comunicación de calidad es una herramienta necesaria para llegar a la base de los conflictos y encontrar soluciones satisfactorias para las partes. Una mala comunicación puede ser en sí misma la causa de los conflictos.

  5. Evitar las amenazas y expresiones agresivas que se producen en situaciones estresantes, detenerlas y establecer otros momentos para buscar la solución al problema.

  6. Evitar reñir constantemente a los hijos/as por conductas de escasa relevancia porque no resultan útiles y disminuyen la calidad de la comunicación. Es más eficaz establecer un acuerdo o contrato cuyo cumplimiento se debe revisar periódicamente.

  7. Enseñar a pensar en el proceso de toma de decisiones anticipando sus consecuencias.

  8. Entrenar a nuestros hijos e hijas en habilidades cognitivas a través del pensamiento y dando respuesta a las preguntas: ¿Qué tengo que hacer?, ¿De cuántas maneras puedo hacerlo?, ¿Cuál es la mejor? ¿Qué tal lo hice?

  9. Ayudar a detectar y a corregir las frecuentes distorsiones que se producen en situaciones muy estresantes.

  10. Un conflicto bien resuelto supone:
  • Aumento de nuestra capacidad para resolver otros en un futuro
  • Mejor disposición a realizar otros acuerdos.
  • Fortalecimiento de la relación.
  • Aumento de la autoestima y la confianza mutua.
  • Posibilidad de realizar nuevas actividades en común.

 

Fuente: APOCLAM

Cómo afrontar una pelea familiar

A menudo surge en la familia situaciones en las que el comportamiento de los más pequeños es de lo más irritable. Por desgracia a menudo, los adultos reaccionan de una forma irascible en los mismos términos que los hijos y claro está, el terremoto está servido. Los adultos estamos convencidos de que los niños son muy inteligentes y saben cómo sacar de quicio a los demás. Los niños manipulan con sus antojos y peticiones a los mayores y de esa manera obtienen todo tipo de parabienes.

 

Y es que la intención inicial de los mayores es la de controlar la situación porque se consideran maduros y lo suficientemente preparados como para conseguir los propósitos establecidos. Ya sabemos que el problema está en que eso no es verdad. ¿O es que acaso no recordamos cómo reaccionamos la vez que la niña no quería tragarse la bola de comida cuando comía pescado?, o ¿cuando pedimos que colocara la habitación y se nos fue dando largas hasta que al final no se cumplió nuestra petición?, y así una tras otra. En todas estas situaciones y otras muchas similares, los padres se han hecho los fuertes, se han propuesto controlar la situación y conseguir sus objetivos por las buenas y dando sensación de poder y control y al final, han conseguido frustrarse porque han dado una pésima imagen ante el hijo e incluso ante otros adultos que presenciaban la escena perdiendo el único prestigio que uno puede tener.

 

En el día a día, en las relaciones que se mantienen entre los miembros de la familia ES NORMAL QUE SURJAN DESACUERDOS porque también sabemos que donde hay amor también existe conflicto. Y es que donde hay personas que piensan hay discrepancia de pareceres, de formas de actuar..., eso es normal. Todos no podemos pensar igual. El avance y el desarrollo nacen de la disparidad de criterios e intereses y eso es lo que pasa en la familia. Ante esta situación, es importante reconocer un problema y antes de esto, saber que existe y atajarlo cuanto antes de la mejor manera posible.

 

Sabemos que hay dos formas de afrontar e intentar solucionar un problema: constructiva y destructiva. Afrontar un problema de forma destructiva daña la autoestima de los rivales y desgasta emocionalmente a los enfrentados. Esta forma de solucionar un problema es ruidosa, violenta,... sobre todo cuando se llevan a cabo en público, ante una visita, en la calle, ante amigos, etc. Sin embargo, afrontar un problema de forma positiva, constructiva, supone desarrollo, alienta el diálogo y permite que los contendientes lleguen a su máximo potencial. No es difícil llegar a afrontar un problema de una forma constructiva si nos lo proponemos y desde aquí nos proponemos dar algunas ideas que con seguridad nos facilitarán más la relación en familia.

 

Lo normal, por desgracia, es que los problemas se solucionan con DISPUTAS que en la mayoría de las veces son INNECESARIAS. Estas disputas surgen, por parte de los mayores, cuando ven que la situación se les va de las manos y observan que no controlan ni tienen tanto poder como quisieran. Por otro lado, no siempre se puede evitar pelear y si esto llega a producirse es conveniente elegir bien las "batallas".

 

Hay que tener en cuenta aquellas situaciones que tienen verdadera importancia: problemas relacionados con los valores, la comunicación, etc. además hay que saber valorar la importancia real de cada situación porque dos problemas relacionados con un mismo tema (como puede ser la honestidad) no tienen la misma importancia porque no afectan por igual a la persona implicada o el posible daño que se ocasiona no es tan grave. Por otro lado, es conveniente afrontar disputas que creamos que vamos a salir victoriosos y con el objetivo cumplido.

 

También suelen surgir problemas cuando LOS HIJOS RETAN A SUS PADRES Y ESTOS NO LO SOPORTAN. La impotencia estaría detrás del hecho de que un adulto afronte de forma airada una situación conflictiva. Los adultos piensan que deben controlar en todo momento la situación y en el momento que un hijo presenta un problema, se cree que en parte es un fracaso del adulto que se violenta y cree que es un fracaso suyo. La respuesta del adulto es la de afrontar el problema de forma destructiva y lo que hay que pensar es que un hijo puede desafiar a sus padres y eso no significa que éstos sean unos fracasados.

 

Por otro lado conviene recordar una máxima que no por básica debemos dejar de lado: PARA PELEAR HACEN FALTA DOS. Si uno de los contendientes no recibe respuesta del otro pese a que le ha provocado, dejará de ofrecer una actitud de ataque. En ocasiones debemos aplicar aquella técnica de extinción tratada en el artículo de esta sección de Escuela de Padres titulado "Cómo mejorar la conducta de los hijos".